viernes, 27 de marzo de 2009

Cuidar a las personas

Uno de los mayores problemas que aquejan a nuestros jóvenes son las adicciones a sustancias que atentan contra su salud. Nuestra sociedad con el paso del tiempo, ha ganado muchos espacios de libertad. Pero esto ha significado de igual forma, una apertura hacia ciertas prácticas que no son usadas para el beneficio de sus integrantes.

Las adicciones representan pérdidas descomunales. No sólo es robado el futuro de nuestra sociedad, sino también nuestros sueños. Sin embargo, dado este problema, ¿qué solución podemos aportar? ¿Debemos seguir con aquellas acciones que castigan a quienes han recaído, tal y como las prisiones tradicionales castigaban a los presos? ¿O no acaso hace falta repensar el papel de nuestras instituciones de “reforma”, para ayudar a quienes tienen estos problemas de una manera más humana y práctica?

El futuro de nuestra sociedad no depende en seguir preservando aquellas relaciones que nos hacen daño. Lo fundamental radica en las luchas compartidas. En crear formas estratégicas que comprometan a encaminar a quienes no han encontrado su lugar en nuestro mundo. De lo que se trata no es de destruir y alejar, sino de hacer una sociedad inclusiva e integral. Donde todos tengamos un lugar para poder desarrollar con eficacia nuestras capacidades.

Sin embargo, ya no estamos en los tiempos cuando lo que importaba era el castigo y no el perdón. Es urgente un esquema diferente, que nos ayude a pensar a los otros como parte de nosotros. Y esto no puede hacerse por medio de la represión. Nuestra sociedad debe cimentarse bajo la premisa de que aquellos jóvenes que han cometido errores, deben ser tratados como individuos. No hay razón de peso que orille a generar crueldad sobre nadie. El objetivo de nuestras instituciones es cuidar a las personas. Y esto nos debe obligar a implementar programas que reinserten a estos jóvenes a la sociedad.

Pero creo que nuestras instituciones también deben aprender algo. Es urgente un cambio de rumbo en la implementación de las políticas públicas para los jóvenes que tienen adicciones. Ya es obsoleto seguir pensando a cada organismo gubernamental de manera aislada; hoy más que nunca es indispensable el trabajo conjunto. Porque de lo que se trata no es de pensar que sólo somos la suma de individuos libres. Somos además una comunidad, que debe trabajar como tal para poder sobrevivir.

Linda Rubí

1 comentario:

  1. ¡Sí!, incluso nuestras estructuras de gobierno tienen mucho que aprender de los nuevos acontecimientos del mundo, y ciertamente, las instituciones no podrán mejorar sin recibir ayuda de los individuos que conocen su circunstancia y necesidades específicas. Hay que cambiar a nuestra clase política. Esto no quiere decir que haya que retirar a la clase de personas que ahora están acomodadas dentro de las instituciones, sino que hace falta una renovación de las formas (leyes, estructuras) con las cuales nos hemos habituado a vivir, y que, como funcionarios públicos o demás ciudadanos, vemos, para bien o para mal, como inamobibles.

    Requerimos no sólo de una observación crítica de lo que pasa con todos, también de una fuerte potencia creativa que idee cómo organizarnos de modos más convenientes, digamos tan sólo para la conservación de la vida y del aprendizaje. Ayudaría mucho, además, comprender que el principal principio de conflictos es la toma precipitada de decisiones radicalmente opuestas a la tradición. Cambiar de rumbo siempre es un esfuerzo alto y de dificultosa negociación; si ya es de por sí difícil cambiar la propia vida, imagina lo costoso que es cambiar la de otro, sea o no para su propio bienestar.

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